sábado, 8 de septiembre de 2012

Última carta de Baden-Powell a su esposa Olave.- Año del Centenario.-

Fuente: Blog Pensar desde el Tinto; M.A. / 7-9-2012

 
Querida Dindo: No sé si mi debilidad creciente e inexplicable de las últimas semanas significa el principio del fin para mí, pero si es así no me importa personalmente -es sólo una cosa natural. Ha llegado el momento de irme de esta vida. He tenido una vida extraordinariamente feliz, muy especialmente durante estos últimos veintisiete años, que los has hecho gloriosos y afortunados para mí. No creo que he desperdiciado mucho de mi tiempo mientras viví. Es bueno pensar que además de mi acendrado militarismo, nuestros esfuerzos por los muchachos y las niñas han tenido éxito más allá de lo esperado. Es bueno sentir que nuestros hijos están todos casados, felices y establecidos en la de vida. El mundo ha sido muy bueno conmigo y de algún modo lamento dejarlo con todo lo que tiene de interesante, pero ha llegado al punto en que no puedo ser más útil que como observador, así que es correcto que me vaya. Pero lo que es más para mi que todo el mundo, eres tú, mi amor. El hecho de tener que dejarte es el dolor que más me obsesiona -no sólo por mi mismo, sino especialmente debido a que significará un terrible quebranto en tu propia vida. Una cosa que me tranquiliza es que tú eres tan razonable que lo verás en su justa proposrción, como una cosa natural que tiene que suceder, y te enfrentarás a la prueba con valentía durante un corto trecho, hasta que el tiempo sane la herida. Me agrada pensar que tienes la mejor manera de consolarte ante ti, en forma de trabajar bastante con las Guías. También tienes el gran amor de tus hijos y sus hijos, que te ayudará. Tu pena será el único remordimiento que tendré al morir; si supiera que no te dejas llevar demasiado por la tristeza, moriría tranquilo, mi D.
Tu Bin. (Baden-Powell)