martes, 2 de septiembre de 2014

En el Diario El Norte de Castilla de Valladolid: 'La búsqueda de ocio económico bate el récord de inscripciones en los Scouts'.-


La búsqueda de ocio económico bate el récord de inscripciones en los scouts

Nieves Hernández y Santiago Rodríguez, responsables de ASDE Exploradores de Castilla y León.
Nieves Hernández y Santiago Rodríguez, responsables de ASDE Exploradores de Castilla y León. / Kike Gómez.
  • Los veinte grupos activos en Valladolid han movido a 1.800 chavales este verano

Con más de un siglo de historia a sus espaldas, los scouts nunca han dejado de tener presencia en Valladolid, pero jamás como ahora. En los últimos tres años, espoleados por una crisis que ha obligado a muchas familias a buscar alternativas de ocio baratas para sus hijos, los scouts han experimentado un paulatino crecimiento que les ha llevado este año a cifras de récord. De hecho, en relación con el año pasado, no solo han crecido las inscripciones, sino que se han creado cinco nuevos grupos.
En estos momentos, operan en Valladolid veinte colectivos scout asociados –a partes iguales– a alguna de las dos grandes ramas del movimiento en España: el Movimiento Scout Católico (MSC) y ASDE Exploradores. Cuatro de los cinco grupos de nueva creación corresponden al MSC, que declara 1.200 socios, mientras que ASDE cifra su implantación en un millar de niños y jóvenes. Entre unos y otros han organizado este verano veinte campamentos, dentro y fuera de Castilla y León, con 1.800 participantes.
«En los tres últimos años estamos viendo cómo crece el número de grupos y el número de niños. Ha crecido también el apoyo que recibimos de los centros educativos, que en nuestro caso son una fuente importante de posibles incorporaciones», explica Toñi Juan Gamalié, vicepresidenta de Scouts MSC en Castilla y León. No duda en atribuir este crecimiento «histórico» a la crisis. «Estamos viendo que los padres vienen a nosotros buscando propuestas de ocio económicas. Pero luego ven la satisfacción de los niños y que ofrecemos un ocio que además educativo y ya nos valoran por lo que hacemos. No solo por el dinero», asegura Gamalié.

El contexto es importante, porque los años de bonanza fueron también años de desvalorización del tipo de ocio que encarnan los scouts. Fueron años en los que las familias podían permitirse viajes en hoteles dentro del territorio nacional, o incluso por el extranjero, y la posibilidad de pasar quince días en una tienda de campaña parecía una opción de una sobriedad innecesaria, propia de otros tiempos. La ‘burbuja’ económica y social impedía ver que, más allá de poder o no poder permitírselo, la propuesta scout respondía a unos valores de austeridad, respeto a la naturaleza, autonomía y autosuficiencia de los niños que se desarrollan mejor en un campamento que en ninguna otra parte.
Alejandro Rescalvo, presidente de ASDE Exploradores de Castilla y León, constata que también en su caso se ha producido un crecimiento importante en los dos últimos años. «El 2014 ha sido un año de récord histórico en Castilla y León, y también de récord en Valladolid, con un nuevo grupo creado en Arroyo», subraya.

El contacto con la naturaleza es esencial en el proyecto scout, lo que permite a los niños y jóvenes convivir con lugares tan privilegiados como los Picos de Europa, la Laguna Negra o el Lago de Sanabria, por citar tres espacios recurrentes como destinos de los campamentos de verano. En el pasado, la sierra de Gredos era también un escenario habitual de las actividades scout, «pero ahora ya lo es mucho menos porque la zona donde se puede acampar están más protegida», explica Santiago Rodríguez, tesorero de ASDE Castilla y León.

Nueva era tecnológica
Pero la naturaleza es, sobre todo, el espacio donde es posible aprender a valerse por uno mismo, sin el apoyo de las mil y una prótesis tecnológicas que hacen tan cómoda la vida en las ciudades. Demasiado cómoda, en realidad. «Los niños hoy están malacostumbrados. Están muy acomodados. Algunos no saben ni siquiera lo que es un estropajo porque en su casa usan siempre el lavaplatos. Tienen tal cantidad de objetos que les facilitan la vida que no saben ni aprenden cosas elementales», explica Nieves Hernández, la responsable de Programas de ASDE en Castilla y León.
En los campamentos scouts no hay lavaplatos, evidentemente. Cada niño recoge sus cubiertos, los limpia y además, colabora en la limpieza y la organización general. No vale hacerse el ‘comodón’. Todos tienen que echar una mano. Por el camino, no solo están aprendiendo a trabajar en grupo, sino también desarrollan su autonomía personal e incluso la autosuficiencia.
Algunas experiencias pueden resultar impactantes. A Paula Medina-Bocos, una chica de 18 años del Grupo del Pilar (MSC) no se le olvida la primera expedición en la que tuvieron que aprender a subsistir solos durante varios días. «Pedíamos a la gente del pueblo que nos diera comida a cambio de trabajo. Algunos nos recibían con mucha amabilidad y no había problema, pero otros no. Es una de las experiencias que más te hacen madurar. Aprendes el valor de la comida», explica. En el grupo de Paula, además, tienen otro modo de desacostumbrarse, rápidamente, de las excesivas comodidades de la vida habitual: las duchas siempre son con agua fría del río y a manguerazo limpio.

Con todo, lo que probablemente cueste más al principio es la desconexión tecnológica. Nada de móviles, tabletas, ordenadores o cualquier aparato tecnológico. Más que nada, porque en pleno campo no sirven para nada, pues no hay electricidad. Sin embargo, la descompresión se realiza rápido porque enseguida surge la sorpresa: cuando los niños (y los adultos) se libran de la esclavitud tecnológica, descubren que tienen tiempo para tratar con la gente que está a su lado. Este es, de hecho, uno de los aspectos que más valora María Teresa Sanz, la exploradora avanzada de ASDE. «Me encanta la naturaleza y enseguida me engancharon los scouts. Es algo totalmente diferente. Dejas los móviles, los whatsapp y lo demás, desconectas y te dedicas a la vida de verdad». Su compañera Lidia Bermejo, la integrante rover (el nombre con el que se identifica a la rama mayor del movimiento scout) coincide: «descubres que es mucho mejor la vida en sociedad que detrás de una pantalla de ordenador». Igualmente, el monitor Juan Fabio Suárez lo tiene claro: «cara a cara es como se conoce a las personas, no por el móvil. Vivimos un momento en el que hay un gran déficit de comunicación personal directa».

Y esto se aplica también al mundo de los juegos. Frente a los sofisticados juegos virtuales, se encuentran los sedentarios toda la vida. Juegos tradicionales como el escondite o el pañuelo siguen ahí, esperando a niños que quieran volver a disfrutar con ellos, pero que han sido arrinconados por los nuevos hábitos de ocio debido a una excesiva planificación en los horarios de los más pequeños. Teresa lo resume: «Ves cómo los más pequeños dejan de lado la consola y vuelven a jugar como se jugaba antes. Es más sano».

Un movimiento que enseña a los niños a través de la acción
Los scouts se cuentan entre los pocos supervivientes de una red de grupos de ocio alternativo que llegaron a tener una amplia presencia en Valladolid, pero que han ido desapareciendo. «La ventaja de un movimiento como este, que ha superado los cien años de historia, es que cuentas con una trayectoria y una estructura que te permiten afrontar momentos difíciles. Otros grupos más pequeños no pueden», opina Toñi Juan Gamalié, vicepresidenta regional de la rama MSC.
El secreto de los scouts es la educación por la acción. «Los niños aprenden haciendo cosas. Ya sea en contacto con la naturaleza o desarrollando hábitos saludables», explica Nieves Hernández, responsable de Programas de ASDE Castilla y León. Eso significa, por ejemplo, que los niños entienden lo que es ser responsables, asumiendo responsabilidades; a ser más autónomos, demostrando capacidad para organizarse por sí solos; el valor del trabajo en equipo, mediante la colaboración con otros para desarrollar proyectos; y a ser austeros mediante la convivencia en un entorno despojado de cualquier exceso. Estos y otros valores se concretan en la Ley Scout, un decálogo ético que resume los principios de un movimiento esencialmente humanístico. El primero de esos principios es que el scout «cifra su honor en ser digno de confianza». Pero la ley también desciende al terreno de los buenos hábitos de vida, como el que se refleja en el punto séptimo: «el scout es responsable y no hace nada a medias». «Soy profesionalmente lo que soy, no por mi carrera, sino por lo que aprendí en el movimiento scout», afirma Toñi Gamalié. «Aquí desarrollé mi capacidad para el trabajo en equipo y la empatía hacia las personas. Son valores que cada vez se aprecian más y que necesitamos porque no abundan».

Lidia Bermejo está de acuerdo. «Te enseñan a ver el mundo de otra manera. A ser respetuosos con la gente y a que confíen en ti. Aprendes otros aspectos de la vida que no sabías ni que existían, como el respeto de la naturaleza o la importancia del cuidado de los más pequeños. Tus padres te enseñan a ser responsables en materias como los estudios o los deberes. Pero aquí aprendes a ser responsable en muchos otros aspectos».