El emotivo "Discurso en forma de Oración" pronunciado por Liliana
Sáenz, hija de Natividad de la Torre fallecida en el accidente de tren de
Adamuz, en el Funeral celebrado en Huelva, el jueves 28 de enero de 2026:
“Majestades, excelentísimas autoridades civiles y eclesiásticas que
nos acompañáis.
Hoy, cuando el vendaval que recorre nuestro interior parece intentar
calmarse, queremos empezar estas palabras dando las gracias.
En primer lugar, gracias a nuestra diócesis por este funeral, el único
funeral que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a
nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el
vino bajo la mirada de su madre, en su advocación cinteña.
Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente y es
abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo.
Gracias a los que nos acompañáis por amor, por compasión, por empatía...
gracias, incluso, a los que lo hacéis por agenda.
Gracias al pueblo de Adamuz, ese pequeño rincón que nunca olvidaremos y que
nunca olvidará, así como a la ciudad cordobesa, a los que nos sentimos y nos
sentiremos unidos para siempre... sin pensar en las consecuencias, no dudaron
en sumirse al caos de los hierros retorcidos, de la sangre, del dolor y de las
lágrimas.
Acompañaron a nuestros heridos hasta que estuvieron seguros de que estaban
a salvo y luego, nos acompañaron en nuestro lamento. Pusieron a nuestra
disposición el sustento y el cobijo de esos amargos días, pero sobre todo,
pusieron todo su cariño, su entrega y su deseo de hacer que ese duro momento
doliera un poco menos.
Gracias a los cuerpos de seguridad y emergencias que acudieron prestos,
como siempre, a la llamada... hicieron lo que pudieron con la información y los
medios de los que disponían... gracias por vuestra empatía, vuestra cercanía y
vuestro afecto en los días posteriores.
Gracias a la sanidad andaluza, sin duda sostenida por los profesionales que
la integran. Yo sé lo que es volver a casa de una guardia mala y abrazar a tus
hijos porque sabes que alguien ya nunca podrá volver a hacerlo con el
suyo.
Yo sé lo que es intentar sanar el cuerpo de alguien que tiene el alma
herida de muerte... tuvo que ser durísimo, compañeros, gracias.
Gracias al personal y voluntarios de Cruz Roja, que no han soltado nuestra
mano en ningún momento... si no puedes curar, alivia... si no puedes aliviar,
consuela... si no puedes consolar, acompaña.
Gracias a nuestras instituciones autonómicas, que se pusieron de frente
desde el minuto cero, soportando el caos y los envites de nuestra propia
angustia... permitidme, no obstante, una crítica a la lentitud de la
información pues, creedme, es mejor saber que imaginar.
Gracias también, como no, a las pequeñas corporaciones locales cuyos
vecinos iban corriendo la voz de que algo grave estaba azotando los cimientos
de la comunidad sintieron nuestro quebranto como el suyo propio... querida
Pilar, queridos alcaldes... habéis demostrado que hay que ser grandes como
personas para poder ser grandes como servidores públicos.
Y gracias, infinitas gracias a Huelva, nuestra querida ciudad bendecida por
el sol, que no ha dejado de arroparnos de una forma extraordinaria, haciéndonos
llegar la grandeza de su amor y su propio dolor, intentado así que el nuestro
fuera un poco menos desgarrador.
Y así han ido pasando los días y el dolor va dejando paso a los recuerdos y
nuestro corazón, aún con la misma espada clavada, empieza a esbozar pequeñas y
tímidas sonrisas cuando mil estampas pasadas irrumpen continuamente en nuestra mente.
Yo tendría algo más de pocos años cuando un día le pregunté a mi
madre...
"Mami, ¿tú cuánto dinero ganas?"... supongo que sería algo que
hablábamos entre chiquillos...
"Lo justo, cariño", -me dijo ella- "porque lo que queda en
mi cuenta a final de mes, no es mío"...
"¿Y de quién es, mamá?", le pregunté porque no lo
comprendía...
"De los demás", me dijo ella.
Así era mi madre... generosa con todo lo que tenía, generosa con sus ganas,
generosa con su tiempo, generosa con sus sonrisas...
Así era ella.
Y es que lo que perdimos ese fatídico domingo 18 de enero no era sólo una
cifra... eran vagones llenos de virtudes y defectos, eran vagones llenos de
triunfos y derrotas, eran vagones llenos de anhelos y silencios... eran vagones
llenos de esperanza.
Porque ellos no sólo son los 45 del tren... ellos eran nuestros padres,
madres, hermanos, hijos o nietos.
Ellos no sólo son los 45 del tren... ellos eran la alegría de nuestros
despertares y el refugio de nuestras penas.
Ellos no sólo son los 45 del tren... ellos eran la ilusión de buscar un
futuro mejor, la alegría de disfrutar momentos en familia o el deseo de volver
con nuestros seres queridos... ellos eran eso que ya nunca serán.
Porque ellos no son sólo los 45 del tren, ellos eran parte de una sociedad
tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo y no nos estamos
dando cuenta.
Ellos no son sólo los 45 del tren... pero son los 45 del tren.
Y nosotros... nosotros somos las 45 familias a las que se les paró el reloj
a las 7:45 de aquella fatídica tarde.
Somos las 45 familias que se abrazaron en aquel centro cívico, donde el
paso del tiempo se iba inundando de silencio y el silencio iba dejando paso al
llanto cuando empezamos a comprender en el lento avance de las horas que volveríamos
sin ellos.
Somos las 45 familias que han aprendido con demasiada crueldad que la
llamada que no se hace se queda sin hacer y el beso que no damos es el que más
recordamos.
Somos las 45 familias que cambiarían todo el oro de este mundo, que ahora
no vale nada, por poder mover las agujas del reloj tan sólo 20 segundos.
Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad porque
sólo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará.
Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo
haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los
brazos de la Virgen ahora duermen y el regazo de una madre que los quiere es
quien los mece.
Virgencita de la Cinta, patrona de este gran pueblo, dales paz, serenidad,
descanso eterno.
Virgen bella, virgen guapa, no los sueltes de tu vera, que no sientan el
dolor, que no sientan la miseria. Que el amor y la verdad los cobije para
siempre y en el abrazo de Dios la vida venza a la muerte.
Madre de la Almudena, virgen que guía el camino, llévales el beso mudo, ese
adiós que no les dimos.
Remedios, madre querida, reina del Aljaraqueño, bríndales tus firmes manos
que ya nunca tengan miedo.
Madre del amor hermoso, reina de la Victoria, Dolores del negro luto,
concédeles tú la gloria.
Y guía también nuestras vidas, humilde Virgen del Sol, y que la
misericordia lata en nuestro corazón.
Haz que cese este dolor, Virgen morena del Carmen, llévate esta cruel
espada con la espuma de los mares.
Y tú, Virgen del Rocío, la que alumbra mis desvelos, la que siempre me
acompaña cuando me rompo por dentro, abraza sus corazones y llévales un suspiro
con una canción de amor por los años compartidos.
Diles que tenemos paz y que seremos valientes, que el odio no nacerá en la
rabia que nos crece. Que volverán las sonrisas y seguiremos viviendo y este
amor no morirá, vivirá de sus recuerdos.
Diles tú, Blanca Paloma, Pastora de la Rocina, que siempre los sentiremos
con el sol o con la brisa, y que con fe esperaremos a que llegue ese momento en
el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos.
"Descansen en paz."
Liliana Sáenz