Recibido un Comunicado Oficial, Caballeros y Damas de San Juan de Dios, Granada 12 de Mayo de 2026.- Dos Fotos de la Santa Misa a las 19,30 horas en la Basílica de San Juan de Dios el Sábado 17 de Mayo de 2026.- El Domingo 18 a las 12,30 horas Última Misa.- "Servi inutiles sumus; quod debuimus facere, fecimus".- ¡DEUS CHARITAS EST!
Recibido un Comunicado Oficial Caballeros y Damas de San Juan de Dios, Granada 12 de Mayo de 2026
Granada, 12 de Mayo de 2026
Estimados Caballeros, Damas, Decuriones y Escuderos de la Orden de Caballeros y Damas del Santo Sepulcro y Real Basílica de San Juan de Dios:
Por la presente, y con el debido respeto que merece la Solemnidad de nuestra Institución, nos dirigimos a todos vosotros a fin de poner en vuestro conocimiento que nuestro Gran Maestre, el Ilustrísimo Señor Dom. Fray Juan José Hernández Torres, tras un periodo de profunda reflexión y oración, ha solicitado una 'Dispensa Temporal de sus Responsabilidades como Miembro de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios', dejando de ser Rector de la Real Basílica, Templo al que ha dedicado la mayor parte de su vida con un encomiable cariño, trabajo y esfuerzo personal.
En estos momentos, no es posible determinar con precisión en qué medida este cambio afectará el funcionamiento ordinario, la estructura de gobierno o los proyectos en curso de nuestra Institución. Desde la Junta Directiva se está trabajando en las distintas hipótesis a las que podríamos enfrentarnos, a fin de hallar la solución más beneficiosa para nuestra Institución.
Somos conscientes de la incertidumbre que esta noticia puede generar, por ello, os mantendremos puntualmente informados de cualquier decisión o modificación que se adopte en relación con esta situación y su repercusión a nivel institucional.
Os pedimos que, en este tiempo de espera y discernimiento, mantengáis la calma y la unidad, elevando vuestras oraciones por el bienestar de nuestro Gran Maestre y por el futuro de nuestra Orden-Asociación.
Asimismo, se participa que este Sábado día 16 de Mayo, a las 19,30 horas, tendrá lugar en la Real Basílica la Santa Misa de Funeral por el Eterno Descaso de nuestra Ilustrísima Dama Doña Marcela Díaz Barroso, q.e.p.d. Esta celebración revestirá un significado especial para nuestra Comunidad, ya que será presidida por el Ilustrísimo señor Gran Maestre, siendo este el 'Último Acto Oficial que encabezará como Rector de esta Basílica' antes de dar inicio a su 'Periodo de Dispensa Temporal'. Por todo lo anteriormente expuesto os pedimos que acudáis para unirnos en una sola Oración por el Alma de la Difunta y, al mismo tiempo, acompañar a nuestro Gran Maestre en este 'Acto de Despedida de su Labor Pastoral al Frente de este Templo'.
Nuestra presencia será el mejor testimonio de la unidad y fortaleza de nuestra Orden-Asociación en estos difíciles momentos.
¡DEUS CHARITAS EST!
La Senescal
María del Mar Sánchez Gila
La Canciller
María Desirée Martínez Martínez
Dos Fotos de la Santa Misa a las 19,30 horas en la Basílica de San Juan de Dios el Sábado 17 de Mayo de 2026.
El Domingo 18 a las 12,30 horas Última Misa.
'Comienza el Tiempo de 5 Años de Dispensa Temporal de sus Responsabilidades como Miembro de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios'.
Homilía del Excmo. y Rvdmo. Arzobispo de Granada en la Solemnidad de San Juan de Dios
La Basílica granadina se volvió a convertir en el corazón espiritual de la Ciudad de Granada, un 8 de marzo de 2026, con motivo de la Festividad de San Juan de Dios, Copatrón de la Ciudad y Padre de la Caridad. Un momento de significativa Tradición y Devoción, donde las puertas del Camarín estuvieron abiertas a Fieles y Devotos durante toda la jornada.
Por la tarde, tuvo lugar la Solemne Eucaristía, Presidida por el Excmo. y Rvdmo. Don José María Gil Tamayo, Arzobispo de Granada, acompañado de Autoridades y Representantes de la Ciudad. Al final de la Eucaristía se procedió a 'Rito Litúrgico de la Clausura del Año Jubilar Hospitalario', con el 'Cierre de las Puertas del Camarín', que finaliza simbólica la 'Conmemoración del 475º Aniversario del Retorno a la Casa del Padre de San Juan de Dios'.
Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía celebrada en la Basílica de San Juan de Dios, en la Fiesta Litúrgica del Santo Copatrono de Granada, San Juan de Dios, el 8 de Marzo de 2026.
Querido Padre Juan José, querido paisano y condiscípulo (es de mi curso en el Seminario, aunque lo ficharon en Granada y aquí está);
querida Comunidad, Hermanos de San Juan de Dios;
queridos Sacerdotes con-Celebrantes;
queridas Damas y Caballeros de San Juan de Dios;
queridas Autoridades;
queridos Amigos, Hermanos y Hermanas:
Nos reúne en este día este homenaje de la Iglesia de Granada a este santo tan significativo, tan importante para nosotros, a este modelo y protector de nuestra ciudad. Pero, los santos son los amigos de Dios y son nuestros amigos. Aprendemos de su vida y, sobre todo, de su testimonio y los tenemos por intercesores, para que intercedan hasta el Señor por nosotros. Pero son modelo.
Y qué puede enseñarnos Juan Ciudad, este loco de Dios, este loco que anduvo por nuestras calles conocidas para nosotros; este loco que pedía en la puerta del Sagrario; este loco de Dios que vendía la poca leña que recogía para socorrer a los ancianos, a los enfermos especialmente, para ir derramando, como nos dice la liturgia, la misericordia de Dios, hecha obra de caridad concreta, de estilo inteligente, hasta transformar con su Orden el sistema hospitalario. ¿Qué nos enseña este loco de Dios? Nos enseña, sobre todo, que el amor de Dios es inseparable del amor al prójimo, que el amor al prójimo testifica y manifiesta el amor a Dios. Esa unidad del mandamiento nuevo de Jesús, que incorpora también el mandamiento central del pueblo de Israel, Shema Israel: “El Señor es solamente uno. Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas”. Y Jesús señala “y al prójimo como a ti mismo”. Es más, Jesús nos señala que “os améis los unos a los otros como Yo los he amado”.
Y en el amor no hay término medio. Dicen los moralistas que la virtud está en el medio, no en la medianía, no en la mediocridad, sino en el medio. Sin pasarse y sin quedarse corto. Pero eso para un cristiano no sirve plenamente. Porque en el amor tenemos que excedernos. Y es lo que hizo Juan de Dios. Este hombre que llega a Granada buscándose la vida después de un recorrido realmente de aventuras. Este hombre que había servido en los Tercios, que había sido pastor, que había llegado desde Galicia a la vuelta del cerco de Viena, que llega y que baja por Sevilla hasta Gibraltar, y de Gibraltar a Ceuta, y llega a Granada y abre una librería y tiene ese fracaso junto a la puerta de Elvira. Este Juan -Juan Ciudad- que oye a otro de los grandes santos, a san Juan de Ávila; que oye su sermón en aquel mes de marzo, y oye en el campo de los mártires al patrón del clero español, al Doctor de la Iglesia, y oye que Dios le toca el corazón, hasta el punto de enloquecer. Un loco de amor, un loco de Dios.
Podemos decir que esto se ha puesto tan alto el listón que nos es imposible. Pero el Señor nos muestra en la locura, en la grandeza, en el extremo, en la radicalidad, en la fortaleza de este hombre, un ejemplo a seguir. Pero no un ejemplo que se nos queda en el pasado, en una época de carencias, de miseria, a pesar de la grandeza del imperio, sino que nos muestra un deber permanente para el cristiano. Algo de lo que el Señor nos va a examinar. “Venid benditos de mi Padre. Heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui peregrino y me acogisteis, enfermo y en la cárcel y me visitasteis”. “¿Cuándo lo hicimos, Señor? Cuando lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.
Y ese es el examen final de la vida, queridos amigos. No nos va a mirar el carnet de identidad. No nos va a mirar nuestros títulos. No nos va a mirar la cuenta corriente. No nos va a mirar los papeles de la notaría. No nos va a mirar los aboringos. Nos va a mirar el amor que hayamos puesto en nuestra vida. Ese es el activo de Dios. Ese es lo que Dios va a esperar de nosotros.
Queridos amigos, le hemos pedido al Señor, precisamente, que ejercitemos las obras de misericordia, acordaros. En el Catecismo decíamos que hay “corporales y espirituales”. Esas obras de misericordia que nos recordó el Papa Francisco precisamente en el Año de la misericordia y nos ha dicho esa oración colecta que nos ha puesto a san Juan de Dios como intercesor, que aprendamos de él, porque él se despidió, en él la misericordia de Dios se manifestó en el amor a los enfermos y a los pobres. Y amor a los enfermos y a los pobres lo necesitamos hoy, porque la enfermedad forma parte de la vida humana. No queremos ver el dolor. Ocultamos el dolor y no tengamos la muerte. Nos parece cosa de lejanía, nos parece cosa de ciencia ficción o de película. Y el amor nos ha de llevar a abrir los ojos del corazón y descubrir a nuestro alrededor, como Juan de Ciudad, como Juan de Dios, como Juan de Granada, descubrir las deficiencias, las miserias, las carencias de nuestros hermanos. Un amor que para Juan de Dios no es algo teórico, que es fácil teorizar. Incluso, hemos devaluado la palabra amor: se le llama amor a cualquier cosa. Y hemos devaluado incluso la palabra caridad, como si fuera dar ropa usada o lo que nos sobra, o ponerlo sensible. Lo hemos cambiado por la palabra solidaridad.
Juan de Dios no vivió la caridad de Cristo, no amó con el amor de Cristo una temporada; no habló y no vivió la caridad sólo en tiempo de Navidad, en que se enternece el corazón y que concluye el día de Reyes, sino que ese amor lo vio concreto en quienes más lo necesitaban.
Nuestro mundo, queridos hermanos, dicen los sociólogos, dicen los especialistas, y a poco que abramos los ojos lo percibimos, este mundo y esta sociedad postmoderna ha perdido el sentido de las referencias sociales. Vivimos un profundo individualismo, un porcentaje alto de personas viven solas, ya por opción de vida. Se han perdido las referencias en la familia. Lo decía un filósofo, Julián Marías, “cuando sólo se tiene un hijo, ¿qué experiencia de fraternidad va a haber?”. O cuando no se tienen, cuando los abuelos han sido perdidos del horizonte y los ancianos son relegados, cuando los espacios arquitectónicos en las viviendas son inaccesibles, no hay espacio para los ancianos, para los abuelos. En un mundo así, en un mundo de apartamento, en un mundo de vivienda solitaria, son expresiones físicas del concepto de sentido social y de compromiso social de las personas. Un individualismo, que obedece a un materialismo de “comamos y bebamos, que mañana moriremos” y que lo que hay, no pueden venir otros, que tenemos que repartirlo entre los que estamos, generando egoísmos colectivos, frutos de un individualismo personal.
Y entonces, el mensaje de Juan de Dios se hace grandemente actual. El mensaje de Juan de Dios es un legado para Granada, es un legado, es un estilo, es una manera de ser, es una apertura al otro, es un salir a dar la mano a quien lo necesita, y no conformarnos con encerrarnos en nosotros mismos, en un bienestar egoísta. Claro que hay gente que tenemos que incorporar a un bienestar, y también en nuestra ciudad, superando las brechas que todavía existen. Pero ese amor hemos de descifrarlo y hemos de concretarlo, hemos de conjugarlo en lo concreto, en la familia. Hemos de concretarlo en los más necesitados a nuestro alrededor, en nuestra ciudad.
Hemos de concretarlo en un estilo de vida que nos lleve a no considerar, a pesar del ambiente social y político, como adversarios, ni tan siquiera como compañeros de destino, sino como hermanos, en un mundo de divisiones y de guerras, por intereses, en un mundo donde las ideologías se imponen, son por encima del respeto a los derechos fundamentales de la persona y del orden internacional.
Queridos amigos, como veis, Juan de Dios no está ocioso, Juan de Dios no podemos encerrarlo en su urna o en una vitrina, Juan de Dios no es alguien del pasado, es un ejemplo vivo del testimonio de Cristo. Y esto vale para nuestra vida, vale para la familia, vale para los amigos, vale para romper las divisiones cercanas que tengamos, sean familiares, sean sociales, sean laborales, para que generemos en torno a nosotros una civilización del amor como nos pedía el Papa san Juan Pablo II. Para que generemos en torno a nosotros un mundo mejor.
En definitiva, para que anticipemos, como él hizo con la caridad de Cristo, el Reino de Dios. Para tantas personas que sintieron en su cercanía, en su obra, como siguen haciendo los hermanos de San Juan de Dios, la cercanía de esa Iglesia samaritana que como Cristo, que es el buen samaritano, sale al paso de cada uno de nosotros y como nos dice la liturgia, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo, en su espíritu y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza. Pues que así hagamos nosotros.
Que nuestra devoción a san Juan de Dios pase de nuestra cabeza y de nuestro corazón, de nuestros sentimientos y emociones a nuestro compromiso y a nuestras obras, porque, no lo olvidemos, el examen más importante de nuestra vida, el que es ya para siempre, va a consistir en esto y el Señor nos ha pasado las preguntas, el temario, y nos juzgará con misericordia, pero, al mismo tiempo, nos juzgará de amor.
Que la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, Madre de Misericordia, nos ayude a querer con el cariño, con el amor de Dios, que, como dice la segunda lectura que se proclama en este domingo tercero de Cuaresma, de San Pablo de los Romanos, nos dice que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.
Juan de Dios estaba lleno de ese Espíritu de Dios, la tercera persona de la Trinidad.
Así sea.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
8 de marzo de 2026
Basílica de San Juan de Dios (Granada)







